Después de caminar por bosques de robles y hayas, un viajero llegó a un pequeño pueblo de Transilvania y conoció a un hombre que salía de una casa sajona con una ventana tradicional. Su breve conversación en rumano estuvo limitada por la barrera del idioma, pero las referencias a los magiares, el Imperio otomano y el periodo soviético convirtieron el encuentro en una improvisada lección de historia.

El encuentro tuvo lugar el primer día de una caminata por la Via Transilvanica, un sendero de larga distancia que recorre aproximadamente 1.000 millas por Rumanía. La ruta comienza en Bucovina, en el noreste, y termina cerca del punto donde el Danubio llega a la frontera serbia. Gran parte de ella atraviesa Transilvania, donde los bosques y las tierras de cultivo se extienden hacia los montes Cárpatos.

El viaje ofreció una alternativa a la imagen más comúnmente asociada con la región. Desde que Bram Stoker publicó “Drácula” en 1897, Transilvania se ha convertido en un escenario conocido de la ficción gótica. Esa asociación ha seguido atrayendo atención, incluso a través de la película “Nosferatu”, de Robert Eggers, de 2024, y de algunas partes de la serie de Netflix “Wednesday”.

En lugar de seguir las atracciones habituales relacionadas con Drácula, el viajero combinó varios días en el sendero con visitas a Cluj-Napoca y Brasov, dos ciudades de acceso. La ruta ofreció una mirada más cercana a los pueblos, los bosques y los paisajes rurales situados bajo los castillos más conocidos de la región y sus asentamientos fortificados en lo alto de las colinas.

La imagen resultante fue la de un lugar moldeado por influencias sucesivas, incluidos los hunos, los sajones, los otomanos, los Habsburgo, los húngaros y el periodo posterior al comunismo. La historia viva de Transilvania, reflejada en sus paisajes y comunidades, demostró ser más variada que la leyenda que hizo famoso su nombre.

Fuentes: The New York Times Travel.